Bonos Convertibles, ¿qué son? ¿para qué sirven?

2019-01-11T10:50:25+00:00

Entre los productos bancarios complejos encontramos los bonos convertibles. Estos bonos se incorporan en este grupo de productos ya que se requiere un alto nivel de conocimientos financieros para comprender que supone la inversión en los mismos, que riesgos conllevan y cuando sería recomendable la contratación de uno de ellos.

Se denominan “convertibles” porque dan pie a la posibilidad de convertir activos financieros en otros diferentes. Los bonos son obligaciones del contrato que podemos tener la posibilidad de transformar en otro tipo de obligación o movimiento. Esto quiere decir que en el momento que el cliente desee (y siempre antes de una fecha estipulada) estos bonos pueden ser canjeables por acciones financieras.

Cuando un cliente realiza una inversión en este tipo de bonos, comenzará a cobrar una serie de cupones cada cierto tiempo, mediante los cuales recibirá sus intereses. La entidad mediante la cual haya realizado su inversión, será la encargada de otorgarle la información a cerca de cuantas acciones podrá canjear, las fechas determinadas o los precios por cada uno de los bonos.

¿En que benefician las inversiones de bonos convertibles a las entidades de crédito? Estos bonos canjeables permiten servir como medio para que las entidades financieras se capitalicen. En los bonos que las entidades emiten, pactan con los que lo comercializan una rentabilidad asegurada que por lo general suele rondar el 10%.

El problema viene cuando a la hora de emitir estos bonos convertibles, las entidades no informan a los posibles inversores de que el banco no se encuentra en una situación especialmente pletórica. Los consumidores invertían en estos productos bancarios complejos, pero resulta que, al canjear sus bonos por acciones, como la entidad bancaria no presentaba una situación favorable, perdían casi tres cuartas partes de sus inversiones. Así sucedió con el Banco Popular en el año 2015, así como con otras entidades como Banco Espírito Santo, el Banco Santander, o Barclays.

A los consumidores que se podrían a ver visto afectados por la no-transparencia por parte de las entidades financieras, se les abría la puerta a interponer una reclamación judicial que les ofrecía la posibilidad de recuperar el dinero perdido que se había invertido en estos productos bancarios complejos.

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